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06/09/2017

En el sudeste de Córdoba, las napas les ponen techo a los rendimientos

Un técnico de la zona de Los Surgentes y de Inriville cuenta cuáles son las estrategias que siguen para escaparles a los suelos saturados. La clave: resignar rendimiento para asegurarse toda la cosecha.

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Hay una frase que se repite seguido en los pueblos del interior: se dice que, en el campo, se produce “mirando al cielo”. En referencia a que los agricultores están constantemente pendientes de las inclemencias climáticas que, de buenas a primeras, pueden arruinar una cosecha que se presumía excelente.

Pero lo ocurrido en las últimas campañas, con un incremento en los niveles de precipitaciones que potenció los problemas de absorción de agua de los suelos a raíz del monocultivo de soja, hizo que el cielo no sea la única variable que los productores monitorean cada mañana: se cultiva también “mirando al suelo”, a partir de los problemas de napas altas que se han extendido en las principales zonas productivas del país.

El sudeste de Córdoba es un ejemplo: un informe del Inta Marcos Juárez muestra que, en los últimos 36 años, las napas ascendieron más de 10 metros. En 1970, cuando sólo el 20 por ciento de las tierras tenía cultivos anuales y el resto era pasturas, estaban a 10,95 metros de profundidad; el año pasado, con 90 por ciento de los campos destinados a soja, trigo o maíz, cerraron a 91 centímetros.

Techo productivo
José Luis Zorzín es ingeniero agrónomo e integra la regional Los Surgentes–Inriville de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), por lo que conoce de cerca estos problemas de napas altas.

En diálogo con Agrovoz , durante el Congreso Anual de Aapresid realizado en Rosario, contó cuáles son los caminos que están utilizando para sortear esto que se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la producción agropecuaria en la zona núcleo de la provincia.

“La napa nos vino a poner un techo. Hace mucho tiempo que nos viene costando superar los máximos históricos y encima apareció la napa para bajar los promedio. Es una limitante muy grande, que nos cambió mucho”, destacó, tras moderar el seminario “Desafíos tecnológicos del cultivo de soja, región a región”, realizado en el Congreso de Aapresid.

El cambio al que se refiere tiene que ver con que los departamentos Marcos Juárez y Unión están entre las mejores zonas productivas del país. Y tanto técnicos como productores estaban acostumbrados a sembrar soja en cualquier fecha, entre el 10 de octubre y enero con grupos de madurez tres o cuatro de ciclo largo, y esperar rindes récord: de hasta 65 quintales en lotes con buena rotación y maíz como antecesor.

Sin embargo, “la ecuación cambió: las napas a un metro nos obligan a seleccionar ambientes. Ya no se busca el mayor potencial en todos los lotes, sino asegurarte que vas a poder cosechar todo lo que sembraste. En lugar de buscar una soja de 60 quintales, elegís resignar potencial y apuntar a 40, 45 quintales; algo seguro”, graficó Zorzín.

En la última campaña, aseguró que “los rindes fueron buenos pero con menos lluvias podrían haber sido mejor, la napa nos perjudicó: zonas que rindieron 50 quintales podrían llegar a 60 si no tuvieran ese inconveniente”.

Estrategias
Para Zorzín, “lo más importante es lograr la mejor interacción entre fecha de siembra y grupo de madurez”. En ese sentido se apunta a diferenciar las estrategias entre lotes altos y bajos. “Seleccionamos ambientes para buscar potencial en unos y siembras seguras en otros”, resumió.

En los altos, que son alrededor del 30 por ciento de la superficie y son los que tienen menos chances de sufrir napas altas debido a que el agua de lluvia drena más rápidamente, la apuesta es a siembras tempranas, con grupos de madurez tres o cuatro largo, que aprovechen mejor los meses con mayor probabilidad de precipitaciones.

En cambio, en los campos bajos, “la idea es sembrar lo más tarde posible, con menos hileras y grupos de madurez más cortos, buscando escaparle al piso blando a la hora de la cosecha”.

A esto se suma un plan de rotaciones intensivas, fundamentalmente con trigo, con el fin de extraer agua de la tierra. También se está ensayando el uso de vicia sobre maíz.

Paralelamente, las condiciones climáticas de las últimas campañas obligan a un trabajo exhaustivo en el control de malezas. Según Zorzín, hoy en día “todos los lotes tienen amaranthus , y también hay mucha presencia de rama negra, capín y eleusine”.

Fuente: Agrovoz

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