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22/05/2018

Nuevas medidas para detener la propagación de las plagas de las plantas a nivel internacional

La Convención Internacional de Protección Fitosanitaria aprueba normas sobre moscas de la fruta, tratamientos térmicos y químicos, vigilancia, y embalaje de madera

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El organismo encargado de garantizar que la seguridad e higiene del comercio mundial de productos agrícolas, ha aprobado nuevas normas fitosanitarias destinadas a evitar que las plagas agrícolas y medioambientales destructivas crucen fronteras y se propaguen a nivel internacional.

Las normas estandarizadas desarrolladas por la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF) abarcan diversas estrategias y técnicas utilizadas para evitar la introducción y propagación de enfermedades y plagas de las plantas a nuevos entornos, evitando así sus consecuencias -habitualmente devastadoras- para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el comercio.

“Es una tarea complicada en la que hay mucho en juego: se calcula que cada año se pierde entre un 10-16 por ciento de nuestras cosechas a nivel mundial debido a las plagas de las plantas. Unas pérdidas estimadas en 220 000 millones de dólares EEUU”, afirmó Maria Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO, en la apertura de la reunión anual de la CIPF en Roma.

Cada año se comercializan a nivel internacional productos agrícolas por valor de 1,1 billones de dólares EEUU, de los que más del 80 por ciento son alimentos, según datos de la FAO.

Entre las nuevas medidas aprobadas esta semana por el órgano rector de la CIPF, la Comisión de Medidas Fitosanitarias (CMF), se incluyen:

Norma sobre el uso de diversos tratamientos térmicos contra las plagas agrícolas. La norma tiene como objetivo garantizar que dichos tratamientos se utilizan de manera sistemática y eficaz en diferentes contextos operativos.

La norma cubre las técnicas de tratamiento en frío que congelan y matan a las plagas, así como aquellas que elevan las temperaturas más allá de su umbral de supervivencia. Esto puede lograrse sumergiéndolas en agua muy caliente o exponiéndolas a vapor sobrecalentado (para productos vulnerables a la deshidratación, como frutas, hortalizas o bulbos de flores) o calor seco (ideal para productos con bajo contenido de humedad, como semillas o cereales).

Norma revisada para el saneamiento de los embalajes de madera. Se actualizó una norma ya existente, conocida como NIMF-15, para incluir el uso de fluoruro de sulfurilo, un insecticida gaseoso, y técnicas de calentamiento de nueva generación que emplean microondas y ondas de radiofrecuencia para generar temperaturas que provocan la mortalidad de las plagas que habitan dentro de los productos madereros.

Norma ampliada sobre la aplicación de calor mediante vapor para eliminar a las moscas mediterráneas de la fruta. La Bactrocera dorsalis es una especie muy destructiva que ataca a la fruta. Se originó en Asia, pero hoy en día se ha propagado al menos a 65 países. Su presencia en África -donde apareció por primera vez en 2003-, supone para el continente unas pérdidas anuales estimadas en 2 000 millones de dólares EEUU, debido a la prohibición de exportación de fruta. Si se utiliza correctamente, la técnica de control descrita en la nueva medida acaba con el 99,98 por ciento de los huevos y larvas del insecto.

La Comisión de la CIPF aprobó también diversas revisiones que simplifican las normas existentes para las moscas de la fruta a fin de facilitar el cumplimiento por parte de los países y mejorar su eficacia, así como la revisión de una norma que establece referencias de buenas prácticas para la implementación de programas nacionales de vigilancia de plagas. Los expertos dieron luz verde a nuevos protocolos de diagnóstico para la muerte súbita del roble, un organismo similar a un hongo de origen desconocido que ataca una amplia variedad de árboles y arbustos en viveros, e introducido en el oeste de América del Norte y Europa occidental a través del comercio de plantas ornamentales.

La Comisión aprobó además un nuevo protocolo de diagnóstico para los tospovirus, que afectan a un millar de especies de plantas y están causando pérdidas enormes, en especial en el tomate, papa, calabaza y pepino.

El comercio mundial de alimentos: oportunidades y riesgos

Estos peligrosos polizones –las plagas y enfermedades de las plantas- pueden arraigar y propagarse rápidamente una vez introducidos en nuevos entornos, afectando a la producción de alimentos y provocando pérdidas por valor de miles de millones de dólares EEUU en daños y gastos en medidas fitosanitarias. Por ejemplo, un estudio reciente en África oriental concluyó que cinco especies exóticas invasoras están causando por sí solas pérdidas para los pequeños agricultores de la región cifradas en hasta 1 100 millones de dólares EEUU.

No solo se pueden infectar las frutas, los productos agrícolas y las semillas, sino también los contenedores y cajas en las que se transportan. El embalaje para los envíos internacionales suele ser de madera, - producto relativamente barato, en general abundante y sencillo de elaborar-, pero también propensos a verse infectados con diversas plagas de la corteza y la madera, actuando por tanto como un vector. La madera y los productos madereros como los muebles también pueden albergar polizones.

Esto significa que no solo están amenazados los cultivos alimentarios, sino también los bosques y los árboles. Estudios recientes compartidos durante la reunión de esta semana, han demostrado que la pérdida de cobertura forestal debido a plagas invasoras puede provocar un aumento de las enfermedades relacionadas con el estrés, e incluso muertes humanas.

En otro ejemplo, la República de Corea se vio obligada recientemente a talar unos 3,5 millones de árboles como consecuencia del nematodo de la madera del pino, tras haberse gastado en las últimas tres décadas casi 500 000 millones de dólares EEUU en programas de prevención para combatir esta plaga mortal. Se han invertido sumas adicionales de dinero en Canadá y los Estados Unidos para intentar detener el hasta ahora imparable barrenador esmeralda del fresno.

La necesidad de contener amenazas como éstas es la razón por la cual se estableció la CIPF en 1952. Desde entonces, ha promulgado unas 100 normas que cubren un amplio abanico de cuestiones fitosanitarias. También implementa diversos programas para divulgar mejores prácticas y crear capacidad en los países en desarrollo para gestionar las enfermedades y plagas de las plantas, tanto a nivel doméstico como en los intercambios comerciales.

Fuente: http://www.fao.org

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